Como superar el miedo escénico

¿Sabes qué tienen en común Julia Roberts, Vargas Llosa o Joaquín Sabina? Todos ellos han confesado públicamente haber sufrido miedo escénico en algún momento de su vida profesional.


Cuando eres pequeño, por lo general, te subes a un escenario, bailas y cantas delante de tu familia o de la cámara sin miedo ni vergüenza alguna. Pero de adultos, la situación puede cambiar y aparecen emociones menos agradables: ¿cuándo piensas en hablar delante de otras personas te sientes incómodo, te sudan las manos o te bloqueas sin saber bien qué decir?


El pánico escénico puede venir dado por diferentes desencadenantes: puede ser miedo a mostrarse, baja autoestima, falta de confianza e inseguridad, niveles altos de autoexigencia y perfeccionismo, experiencias anteriores negativas, falta de preparación, estrés continuado…


Mark Twain decía: “hay dos tipos de oradores, los que se ponen nerviosos y los que mienten”. Cualquier persona que habla en público, sea más o menos experto, con mayor o menor frecuencia, e independientemente del tamaño de la audiencia, experimenta nervios antes de comenzar. La buena noticia es que con las herramientas adecuadas y la práctica recurrente ese nerviosismo se va apaciguando, dejando a un lado el miedo a hablar en público para acercarse al placer escénico. Si no, ¡qué se lo pregunten a la protagonista de Erin Brockovich, al autor de La fiesta del chivo o al maestro y poeta de la Calle Melancolía!

Para evitar que el pánico se apodere de ti aquí tienes algunos consejos:

– Haz unas respiraciones profundas hinchando el vientre y seguidamente marca un ritmo tranquilo con tu respiración inspirando durante 4 segundos, reteniendo 7 y expirando durante 8 segundos mientras vacías tus pulmones. Te ayudará a bajar las pulsaciones si las tienes elevadas.
– Si notas rigidez corporal prueba a hacer unos estiramientos mientras te provocas un bostezo.
Sonríe: al sonreír movemos los músculos cigomáticos y le mandamos al cerebro el mensaje de que estamos felices y eso se transforma en la secreción de hormonas que nos proporcionan mayor relajación y felicidad.
Adopta una postura positiva y de poder. Nuestra postura corporal también manda mensajes a los que nos ven y a nuestro estado interno aumentando las posibilidades de éxito rebajando nuestro estrés: pecho hacia fuera, mirada alta, apertura de brazos, hombros hacia atrás y relajados…
Repasa tus notas y ensaya la bienvenida de tu conferencia hasta que te la sepas “a fuego”.
– Si es posible, acude con antes al evento y familiarízate con el escenario o la sala.
– Usa ropa adecuada al momento, pero con la que te encuentres cómodo.
– Si durante tu intervención pierdes el hilo, juega con el silencio, muévete unos pasos en el escenario mientras piensas unos segundos en lo que tienes que decir. Es suficiente.
– Prueba a beber varios sorbos de agua lentamente. Así le mandas un mensaje a tu cerebro de que todo está tranquilo, pues como animales que somos, nuestro instinto interpreta que comemos y bebemos cuando no estamos en peligro.
– Haz ejercicios de visualización positiva del momento.
– Si la conoces puedes utilizar la PNL (programación neurolingüística) usando anclajes previos para ponerte en el estado deseado emocional.
– Por supuesto, lleva perfectamente preparada tu ponencia, especialmente el principio, porque eso te dotará de la seguridad y el aplomo necesario para comenzar.


Como ves estas son algunas de las claves que te pueden ayudar a dominar los nervios antes de ejecutar un discurso. No obstante, el mejor consejo que te puedo dar para estar en completo control de la situación es el siguiente: fórmate. Confía en quien tenga la experiencia adecuada para acompañarte en la mejora de tu competencia comunicativa diferencial. ¿Comenzamos?

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